Un año ha transcurrido desde el feminicidio que conmocionó a todo Coatzacoalcos, el feminicidio de Noriko Dallana Quezada Ruiz una joven enfermera de tan solo 23 años, quien fue privada de la vida de manera cobarde justo antes de iniciar su turno en la clínica 36 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde hacía su servicio con vocación y entrega.
Esa mañana Noriko llegó puntual a las puertas del hospital, sin imaginarse que ese sería su último día.
Las cámaras de videovigilancia captaron el momento en que fue atacada a sangre fría.
Hoy, su madre, Lizzet Ruiz, sigue enfrentando el dolor más profundo, el de perder a su hija.

“Mi Noriko era una buena hija, hermana, amiga, estudiante. Era noble, cariñosa, con una sonrisa que sanaba. No se merecía lo que le hicieron. Por eso no vamos a descansar hasta que se haga justicia”, expresa con la voz entrecortada.
Por este feminicidio están detenidos dos hombres, Gregorio “N”, exnovio de la joven, señalado como autor intelectual del crimen, y Luis Alfredo “N”, presunto autor material del ataque.

Sin embargo, la familia denuncia que el proceso judicial ha estado plagado de retrasos, audiencias pospuestas y un avance lento que alimenta el temor de que el caso quede atrapado en la impunidad.
“Cada audiencia es como revivir el dolor. Es angustiante, pero también es parte de nuestra lucha. No podemos permitir que este crimen quede en el olvido”, afirmó la angustiada madre.

La familia exige a las autoridades veracruzanas que se acelere el juicio y que se imponga la pena máxima de 70 años a los responsables.
“Sabemos que nada nos va a devolver a Noriko, pero que paguen por lo que hicieron es una forma de honrar su memoria”, señala su madre con firmeza.
Este fin de semana, al cumplirse un año del crimen, la familia realizó dos actos para mantener viva la memoria de Noriko.


Hoy, su ausencia es un hueco irreparable en el corazón de su familia, pero también es una llama que sigue ardiendo en la exigencia de verdad, justicia y memoria.