Una década después del llamado Operativo Blindaje Coatzacoalcos, la herida permanece abierta.
Aquel 25 de septiembre de 2015, más de 30 jóvenes fueron detenidos y desaparecidos en un operativo de seguridad que, de acuerdo con familiares y colectivos, contó con participación de fuerzas estatales.
Diez años después, las madres y padres siguen exigiendo justicia y la aparición de sus seres queridos, esperando que acabe la impunidad.
En este tiempo, los avances oficiales han sido prácticamente nulos, pues de todas las víctimas, solo fueron encontrados los cuerpos de dos jóvenes en el municipio de Actopan.
“No hay castigo, es lo que exigimos. Hemos estado luchando 10 años y seguimos pidiendo justicia”, expresó Belén González Medrano, representante del colectivo “Madres en Búsqueda Coatzacoalcos”.
Aunque las autoridades han ofrecido disculpas públicas, las familias las consideran insuficientes.

“Las disculpas no sirven cuando el daño está hecho, pero al menos reconocen la participación del Estado mexicano y de la Secretaría de Seguridad Pública en las desapariciones”, mencionó.
Las madres reiteraron que no dejarán de alzar la voz hasta que las autoridades revelen el paradero de los jóvenes.

“Hasta que nos los entreguen, ese día los vamos a dejar en paz”, reiteró durante este acto la activista.
Los familiares de los desaparecidos protestaron en los cuarteles de la Policía Estatal y Municipal, donde tapizaron los accesos y la barda perimetral con las fichas de búsqueda de sus seres queridos.
Desde la base de la Policía Municipal, la activista lanzó un llamado al director de la corporación, Luis Enrique Barrios, ya que hace una década fungió como comandante de la Policía Naval, y tuvo participación en este operativo.
“Él (Luis Enrique Barrios) comandó esos operativos, él sabe que pasó con nuestros hijos, él sabe donde saben donde están, que salga y nos diga, que nos de la cara, cobarde, siempre cubriéndose bajo los altos mandos”, exclamó la activista durante este acto.
La conmemoración de los 10 años se convirtió en un acto de memoria y resistencia para las familias, el tiempo no ha borrado el sufrimiento ni la esperanza de volver a abrazar, al menos en memoria, a quienes les fueron arrebatados.