En el fraccionamiento Palmas del Coyol, la desesperación tiene nombre y rostro: Don Isaías Cortés Jiménez, un hombre de 57 años, ciego, sin piernas y completamente abandonado, que cada madrugada lanza un grito que estremece a sus vecinos: “¡Tengo hambre!”
Su vivienda, ubicada en la calle Natali #411, entre Sauce y Circuito Las Palmas, se ha convertido en un refugio de dolor y miseria. De acuerdo con testimonios de habitantes del lugar, Don Isaías vive rodeado de basura, sin luz ni agua, y con heridas en el cuerpo producto del abandono y la falta de atención médica.

Durante años fue un hombre trabajador y entregado. Cuidó a las hijas de su esposa como si fueran suyas, las llevó a la escuela y les dio techo y alimento. Sin embargo, la vida le cambió drásticamente cuando la diabetes le arrebató la vista y posteriormente ambas piernas.
Tras la enfermedad, perdió su empleo, su esposa y, finalmente, el apoyo de sus hijastras, quienes —según relatan los vecinos— lo abandonaron hace un mes, llevándose lo poco que poseía.
Desde entonces, sobrevive gracias a la solidaridad de la comunidad, que le pasa alimentos por la ventana para evitar que muera de hambre.
Pese a las denuncias y llamados de apoyo, ninguna autoridad municipal o estatal ha acudido al sitio para brindarle atención o trasladarlo a un albergue.
Mientras tanto, Don Isaías se apaga lentamente, entre el dolor, la oscuridad y el olvido, aferrado a la esperanza de que alguien escuche su súplica y le tienda una mano para sobrevivir.