A pocos días de dejar la presidencia municipal, Amado Cruz Malpica entregará un Coatzacoalcos colapsado por la basura, el descuido y la indolencia, una ciudad donde los montones de desechos se han convertido en parte del paisaje urbano y el hedor en una constante para miles de familias.
La crisis es evidente y ya rebasó cualquier discurso oficial. Alrededor de 400 toneladas de basura se generan diariamente, pero la falta de mantenimiento a los camiones recolectores durante años y la ineficiencia total del servicio de limpia pública han provocado que los residuos se acumulen sin control en calles, camellones y esquinas.



Colonias como Vistalmar, Primero de Mayo, 20 de Noviembre, Francisco Villa y Puerto México viven entre cerros de basura, bolsas rotas, animales muertos y desperdicios en descomposición. Los olores pestilentes invaden viviendas, comercios y escuelas, mientras los focos de infección crecen ante la mirada indiferente del gobierno municipal.
La imagen es devastadora: calles rotas, camellones sin podar, basura regada y un ayuntamiento ausente, incapaz de responder a una de las necesidades más básicas de la población. La salud pública está en riesgo, pero eso parece no importar en los últimos días de una administración que optó por dejar el problema para después… o para otro.
Por esta y muchas otras omisiones, Amado Cruz Malpica perfila su salida pasando a la historia como uno de los peores alcaldes que ha tenido Coatzacoalcos, recordado no por obras, sino por el abandono, la suciedad y el hartazgo ciudadano.
Ahora, la presión recae sobre Pedro Miguel Rosaldo, quien recibe una ciudad colapsada. El reto es mayúsculo: limpiar Coatzacoalcos y rescatarla del desastre, o permitir que la historia lo juzgue como héroe o cómplice de una de las etapas más oscuras que ha vivido el municipio.